En medio del vasto mundo de Hollywood, hay datos sobre sus figuras más emblemáticas que parecen pasar inadvertidos entre tantos éxitos audiovisuales. Uno de ellos tiene como protagonista a Robert De Niro y su faceta como visionario de bienes raíces, con una mega propiedad en Nueva York que dista mucho de ser una simple casa de descanso.
En 1997, el dos veces ganador del Oscar posó sus ojos en Gardiner, una apacible localidad ubicada en el valle del Hudson. Allí adquirió inicialmente un predio de 32 hectáreas por 1,5 millones de dólares, donde solo se erigía una antigua vivienda rural del siglo XVIII. Sin embargo, con el paso de los años y compras de parcelas linderas, extendió el terreno hasta alcanzar casi medio centenar de hectáreas.
Lejos de mantener una estética campestre tradicional, la estrella de Taxi Driver emprendió una ambiciosa remodelación:
Pero el sello distintivo de esta finca reside en sus instalaciones al aire libre. Con la intención de aprovechar el relieve natural y el paisaje neoyorquino, el actor mandó a construir una pista de esquí privada. A esto se le sumaron canchas de tenis y diversas áreas deportivas diseñadas para el entrenamiento y el esparcimiento.

