La televisión argentina cumple hoy 75 años. Lo que celebramos es un aniversario redondo (nada menos que las bodas de diamante) de algo que fue único durante muchísimo tiempo y en la visión de no pocas figuras e instituciones influyentes tiene en la actualidad los días contados. Quienes defienden esa idea sostienen que la TV en los términos tradicionales que se configuraron desde su origen es antigua, aburrida, desactualizada y no cuenta con las herramientas y los recursos que se necesitan a esta altura del siglo XXI para competir con el resto de las pantallas. Sostienen (y cuesta a esta altura desmentirlos) que con la expansión de las plataformas de streaming, los espacios abiertos al contenido generado por los propios usuarios (con YouTube a la cabeza) y los dispositivos móviles que desplazaron en apariencia a los reproductores más grandes en las preferencias de uso y consumo de las generaciones más jóvenes, ya no hay vuelta atrás. Lo que viene es otra cosa: fragmentada, multiplicada, pero ajena a lo que siempre consideramos televisión.