Por eso, son buenas fechas para recordar a los grandes y reivindicar sus logros y hazañas. Y si hay unos héroes, unos héroes genuinos e inmerecidamente olvidados, esos son los que lucharon contra la física, la química y el desaliento para crear el aire acondicionado. Va por ellos.
Ya los egipcios utilizaban sistemas para reducir el calor. Se usaban esteras o alfombras humedecidas para reducir la temperatura y la sequedad de las casas.
El primer ventilador giratorio parece ser chino en lo que suponemos que fue una evolución natural de su gusto por los abanicos. Los romanos, además de consumir nieve (algo muy criticado por Séneca, dicho sea de paso), comenzaron a diseñar alambicadas redes de acueductos, canales y tuberías domésticos para hacer que el agua circulara a través de las villas y, así, reducir la temperatura. Esta idea fue desarrollada también por los árabes.
En la Alhambra granadina existen incluso escaleras por cuyas paredes circulaba agua permanentemente. Otros sistemas intentaban aplicar la lógica del famoso botijo a las edificaciones. Un buen ejemplo de esto lo podemos encontrar también en Granada, en la Escuela de Estudios Árabes del CSIC, donde aún se pueden observar los huecos en los que se dejaban vasijas llenas de agua para refrescar los muros y aislar las habitaciones del calor.

