Un equipo de la Universidad Tecnológica de Delft (TU Delft) ha conseguido que un dron diminuto se oriente por el tacto, con dos bigotes artificiales, y que vuele siguiendo una pared en oscuridad total. Todo el procesamiento ocurre a bordo y los algoritmos ocupan unos 34 KB de memoria. El trabajo se publicó el 18 de septiembre de 2026 en Nature Communications con el título «Whisker-based tactile flight for tiny drones».

Los autores son Chaoxiang Ye, Guido de Croon y Salua Hamaza, del departamento de Control y Operaciones de la Facultad de Ingeniería Aeroespacial. La idea es tan antigua como las ratas: cuando la vista no sirve, se toca.

El dato de la memoria merece una precisión, porque es el que más circula. Los 34 KB son lo que consumen los algoritmos de navegación del equipo. El microcontrolador que los ejecuta tiene 192 KB de RAM en total. Es igual de impresionante, pero no es lo mismo que decir que el dron «funciona con 34 KB».

Mide la presión en la base de cada bigote y de ahí deduce a qué distancia está el obstáculo que toca. Según el preprint del estudio en arXiv, cada bigote es un hilo de nitinol de 200 mm de largo y 0,4 mm de diámetro, montado sobre una cápsula impresa en 3D rellena de resina que hace las veces de folículo, como en los bigotes de los roedores.