Sueño, alimentación y ejercicio. Un equipo de científicos de la Universidad de Binghamton ha encuestado a 400 estudiantes para comparar sus hábitos con sus niveles de resiliencia y flexibilidad psicológica. Así, han observado que hay una serie de hábitos muy concretos que abundan en los jóvenes que se enfrentan de una forma más positiva al estrés.
Para empezar, el hecho de no saltarse los desayunos marca una gran diferencia. En general, en las encuestas los resultados empezaban a verse en los participantes que desayunaban al menos cinco veces a la semana. El ejercicio también fue un factor primordial, pero no es necesario pasar horas y horas en el gimnasio. Solo con 20 minutos diarios ya se vieron buenos resultados. Por otro lado, es importante descansar. Quienes dormían menos de seis horas por noche mostraron un claro descenso en los niveles de resiliencia y flexibilidad psicológica. En cuanto a la alimentación, cuanto más nutritiva, mejor, pero hubo un suplemento que mostró una muy buena correlación con estos dos caracteres: el aceite de pescado.

