Cuando la Quinta Marcha Federal Universitaria comenzaba a tomar color, pasado el mediodía, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, se anticipó a la mayoría de los dirigentes políticos y llegó a la zona del Congreso para apoyar el reclamo presupuestario de la educación superior contra el gobierno de Javier Milei. Cuando se retiró, tras saludar y fotografiarse con sus simpatizantes, en el recinto de la Cámara de Diputados aún la oposición no había fracasado en su intento de conseguir quorum para intentar derogar el decreto 70/23 del Presidente; la llovizna apenas se dejaba ver por instantes y la ráfaga de gases lacrimógenos que se apropiaría de la plaza y de parte del anexo de la Cámara baja no se hacía previsible en una concurrencia que se mostraba en calma.

Unas horas después de la recorrida de Kicillof, que incluyó una entrevista en la sede de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, los chaparrones se multiplicarían, haciendo mermar la convocatoria de la protesta, y el accionar de las fuerzas de seguridad dejaría la Plaza del Congreso desierta luego de un apurado cierre del acto central de las universidades. Los gases lacrimógenos afectaban a todo quien quisiera acercarse al vallado ubicado por detrás del escenario y también a empleados y legisladores nacionales. Mientras la protesta universitaria pudo desarrollarse con cierta normalidad, las columnas de espacios políticos del peronismo, el radicalismo y la izquierda marcaron una nutrida presencia.