Mientras la confirmación de la visita del papa León XIV atraviesa una “atmósfera de duda”, después de la operación en la que le extrajeron un tumor maligno en el pulmón, la Iglesia argentina afianza la impronta identificada con el legado de Francisco. Quienes conocen el paño eclesiástico la describen como una Iglesia concentrada en los desafíos de la pobreza y la exclusión social, preocupada por las polarizaciones y empeñada en proponer la búsqueda del diálogo.

A esa perspectiva social, en la Conferencia Episcopal suman la mirada de una Iglesia de puertas abiertas y en salida misionera, también samaritana, que busca acercarse a los más heridos y vulnerables. “Una Iglesia que quiere anunciar el amor de Dios a todos; de ahí el lema que elegimos para la visita del Papa: Bienvenidos todos. Vayan y anuncien”, explicó a LA NACION el obispo auxiliar de San Isidro y secretario general del Episcopado, monseñor Raúl Pizarro.

A diferencia del carácter conservador que predominaba en varios obispos a fines de la dictadura militar, cuando llegó por primera vez Juan Pablo II a Buenos Aires, hoy la Iglesia despliega una fuerte presencia territorial en barrios populares, villas y asentamientos, a lo que se suma la amplia red de Cáritas, con comedores, programas alimentarios, planes de apoyo escolar, capacitación laboral y tratamiento de adicciones, entre otras herramientas de contención y reinserción social.