Tenía lógica. En aquellos años, la regla marcaba que la presión arterial normal debía calcularse sumando 100 a la edad del paciente. Y se hacía así porque era considerado un proceso natural el hecho de que el corazón tuviera que bombear más fuerte la sangre para llegar a las arterias que estaban envejecidas. Hoy sabemos que esta creencia costó millones de vidas.

Un caso de renombre. Si hay una persona importante en nuestro planeta, ese es el presidente de Estados Unidos, y obviamente todos los esfuerzos están en mantener su salud perfecta (y en secreto). Es por ello que, para entender la gravedad de esta ceguera médica, nos tenemos que ir hasta el historial del presidente Franklin D. Roosevelt.

Y no es para menos, porque en 1932 el presidente de los Estados Unidos tenía una presión arterial de 140/100, pero entre 1935 y 1941 estas fueron escalando hasta los 188/105. Unas cifras que a día de hoy sabemos que pueden ser fatales para el sistema cardiovascular.

La respuesta. Mientras que ahora tenemos hipertensivos, en aquella época la respuesta médica era inexistente. Y es que su médico era, sorprendentemente, un otorrinolaringólogo que no consideraba que estas cifras fueran un problema clínico a tratar. Algo bastante común, como se vio décadas después cuando el cardiólogo Franz H. Messerli explicó en la revista New England que la comunidad médica de la época veía la hipertensión como un fenómeno fisiológico.