“No le peguen a los gobernadores”. La instrucción de Karina Milei fue breve, pero dejó en claro hasta dónde está dispuesta a llegar la Casa Rosada para ordenar la estrategia electoral de La Libertad Avanza de cara a 2027. Ocurrió el mes pasado, durante una reunión del bloque de diputados libertarios que, excepcionalmente, se realizó en el local partidario de San Telmo. La secretaria general de la Presidencia había ido a contener a la tropa propia, arengar por la reelección de su hermano y, sobre todo, advertirles a los legisladores que las disputas provinciales no podían poner en riesgo los acuerdos políticos que Javier Milei necesita para gobernar.

La orden tenía destinatarios concretos, aunque Karina prefirió no señalar a ninguno en particular. A medida que se acerca el calendario electoral, los dirigentes libertarios de distintas provincias empiezan a reclamar mayor protagonismo, mientras los gobernadores que colaboran con el oficialismo miran con desconfianza el crecimiento de las estructuras violetas en sus territorios. La paradoja es que Milei necesita a esos mandatarios para sostener su agenda legislativa, pero su hermana también quiere disputarles el poder en las provincias. Y no siempre ambas aspiraciones resultan compatibles.