El 15-O se presentaba como un desafío significativo para el Gobierno, pero, al final, con mucho esfuerzo, varias concesiones de último momento y algunos aportes exógenos clave, se llevó dos imágenes triunfales. Adentro y afuera del Congreso.
Bajo la superficie, no obstante, quedan abiertas demandas insatisfechas, logros costosos para el oficialismo y varios interrogantes sin respuestas. Pero eso quedará para más adelante y es parte del tacticismo extremo al que ha apelado últimamente la Casa Rosada para sortear complicaciones. Por eso, ayer funcionarios y propagandistas libertarios festejaron en las redes sociales y medios de comunicación lo sucedido.
En el recinto de la Cámara de Diputados, la oposición, debilitada por gobernadores amigables con el Gobierno, que hicieron ausentar a los legisladores que les responden, se quedó con el sabor amargo de una derrota, previsible, pero que hasta último momento se ilusionó con revertir. El Gobierno había dispuesto de varios recursos para neutralizar el embate.
La confluencia de los diputados opositores, pertenecientes al peronismo, al radicalismo, a la Coalición Cívica y a la izquierda, no logró alcanzar el quorum, a falta de solo ocho diputados, para tratar la derogación del megadecreto 70/2023, que abrió paso a las principales reformas y desregulaciones en el primer año de gestión. Las ausencias también impidieron debatir los proyectos opositores sobre discapacidad y sobre endeudamiento familiar.

