Unas bacterias. El gran protagonista de esta historia es un estudio publicado en el año 2024 en el que participó el conocido epidemiólogo genético Tim Spector. En este se analizaron datos de más de 22.000 participantes en Estados Unidos y Reino Unido, integrándolos con datos públicos de más de 54.000 personas.

Y el resultado apuntaba a que existe una asociación muy fuerte entre el consumo de café y la presencia de la bacteria Lawsonibacter asaccharolyticus en nuestros intestinos. Y es que esta especie bacteriana era entre 4,5 y 8 veces más abundante en quienes bebían café.

Lo interesante es que este efecto no depende de la cafeína, sino que se ha visto que la bacteria crece más rápido con café descafeinado, apuntando a que la clave podría estar en los polifenoles o en metabolitos como el ácido quínico y la trigonelina que está presente en esta bebida.

Pero hay un matiz muy importante, puesto que de momento no conocemos efectivamente si este cambio en la microbiota es algo positivo para nosotros, puesto que sigue bajo investigación.