Con la firme intención de revertir esto llegaba la nueva Street Fighter. Ambientada en 1993, la historia sigue a los luchadores callejeros Ryu y Ken Masters. Distanciados entre sí, se ven arrastrados de nuevo al combate cuando la misteriosa Chun-Li los recluta para el próximo Torneo "World Warrior", un enfrentamiento brutal de puños, destino y furia.

Todos los grandes luchadores del planeta se reúnen para participar y convertirse en el nuevo campeón. Sin embargo, tras esta gran batalla se esconde una conspiración mortal que los obliga a enfrentarse tanto entre ellos como a los demonios de su pasado. Y si no lo logran... ¡será el fin de la partida!

A pesar de sus legiones de fans, las historias de Street Fighter nunca han brillado por su componente narrativo. Los juegos, como es normal, siempre lo han dado todo en su apartado de acción, dejando las historias más de lado. Y eso mismo es lo que sucede en la película de Street Fighter.

El guion es flojo, con una historia que se mueve a trompicones y con un ritmo bastante irregular. Sus diálogos son también bastante pobres y, por momentos, ridículos hasta el exceso. Las tramas se abren y se cierran sin ton ni son, a veces sin que haya ningún tipo de coherencia e incluso olvidando puntos que parecían importantísimos y no llegan a nada. Y aunque busca darle algo de trasfondo a sus protagonistas mostrando sus inseguridades a corazón abierto, Street Fighter es tan profunda como un charco.