Sí, me quedé con la boca abierta. Cómo no: 0 a 100 km/h en 1,9 segundos y 1.000 kilómetros de autonomía. Bajo el suelo una batería de 200 kWh. Sobre el papel, una velocidad punta de unos 400 km/h para convertirse (por aquel entonces) en el coche de producción más rápido del mundo.
Por suerte, hubo alguien en aquella redacción que lo miró con cierto desdén y dijo que aquello era imposible. No lo pensaron así quienes pusieron encima de la mesa 50.000 dólares de manera inmediata.
Casi una década después, yo he cambiado de redacción, me he casado, he visto cómo algunas amistades se iban y otras crecían, he perdido familiares y he visto cómo mis personas más cercanas iban creciendo, construyen su propia familia y tienen hijos. Soy menos ingenuo, supongo.
Por el camino, Tesla ha conseguido que el Tesla Model Y fuera el coche más vendido del mundo, ha puesto coches sin conductor, volantes ni pedales en la calle, ha lanzado una pick-up eléctrica que ha sido un fracaso y dice haber dejado de fabricar los Tesla Model S y Model X para ir reduciendo su presencia en el negocio automotriz en favor de los robots humanoides y la IA.

