Saltan chispas. Cuando los astronautas caminen sobre la Luna, pueden cargarse eléctricamente por dos motivos. Por un lado, la triboelectricidad, que se da por fricción de materiales, como cuando frotamos un bolígrafo en un jersey de lana. En este caso, puede producirse por el contacto de las botas con la superficie lunar, por el polvo que se deposita en el traje y se frota sobre él o por la propia fricción entre las distintas telas del traje.

Por otro lado, el plasma que hay en el ambiente consta de electrones, con carga negativa, e iones positivos procedentes del viento solar. Los electrones son más ligeros y rápidos, por lo que se depositan más fácilmente sobre el cuerpo de los astronautas, que quedan cargados negativamente. Cuando estos vuelven a la nave, si esta está cargada positivamente, puede producirse una descarga eléctrica por la diferencia de voltaje.

Aún peor a la sombra. Las radiaciones solares pueden arrancar electrones de las superficies cargadas. Por eso, si los astronautas están expuestos al Sol, pierden parte de esos electrones con los que se han cargado sus trajes. Sin embargo, si han estado a la sombra, mantendrán una carga negativa mayor. La nave, en cambio, habrá estado quieta al Sol, por lo que habrá perdido más electrones y tendrá carga positiva, de modo que la descarga será mayor.