El estallido social concentra sus reivindicaciones en la defensa del derecho a la vivienda, mayor protección para los inquilinos ante las prácticas de los fondos buitre, frenar la especulación inmobiliaria en la compra y venta o alquiler de vivienda y facilitar el acceso a la compra de una vivienda.

Motivos hay muchos. Y pocos lo ejemplifican mejor que Jorge Lorenzo.

Si algo sabe un español es que lleva un seleccionador dentro y que "ese dinero es mejor invertirlo en una casa". Es una filosofía que se ha mantenido inalterable con el paso de las décadas desde el éxodo rural de los años 60. Aquellos años, las ciudades crecieron con barrios que, en algunos casos, no eran más que poblados chabolistas. Poco a poco la construcción fue absorbiendo esta demanda y los nuevos trabajadores fueron comprando su primer piso en la ciudad.

Aquella generación dio paso a la del baby boom, que a su vez fue comprando sus propias casas aprovechando el crecimiento económico del país. Conseguido el primero, el gran objetivo era hacerse con una segunda residencia. Y no parecía mala idea si te iba bien la vida seguir invirtiendo en ladrillo porque eso nunca iba a bajar.