Sin embargo, cuando este flujo de agua avanza por el terreno también puede recoger y transportar basura, pesticidas, aceites o metales pesados que pueden llegar a contaminar el agua. Hay muchas maneras de evitar que este tipo de escorrentía llegue a aguas locales, y tampoco se necesita mucho. De hecho, una adolescente de Texas ha convertido bidones industriales desechados en barriles de lluvia. Según sus propios cálculos, estos han evitado que unos 170.000 litros de escorrentía lleguen a los cursos de agua locales. El proyecto de Kaitlyn Tran le ha valido uno de los Premios Gloria Barron de este año para Jóvenes Héroes.

Lo interesante de todo no es el método con el que lo ha hecho, sino que ha movilizado iniciativas medioambientales en torno a estos barriles en su localidad, una región especialmente sensible por grandes lluvias.

Por qué importa. Cuando la lluvia cae sobre tejados, carreteras y aparcamientos, no puede filtrarse en el suelo. En su lugar, se precipita hacia los desagües pluviales, arrastrando aceite, basura y residuos de fertilizantes hacia ríos, lagos y acuíferos. Esto es motivo de especial preocupación en Cedar Park, cerca de Austin.

Según el medio CBS Austin, la ciudad afirma que gran parte de su territorio se encuentra dentro de las zonas de recarga o contributivas del acuífero Edwards, una fuente de agua clave para el centro de Texas, y que el agua de lluvia sin tratar puede transportar contaminantes directamente a los cursos de agua locales.