De una forma u otra se introdujeron ciervos europeos, jabalíes y todo tipo de árboles exóticos; no solo plantaron secuoyas californianas, extraviaron gatos (asilvestrados) o importaron visones americanos: es que, en la década de los 50, soltaron toda clase de pavos reales, gallinas de Guinea y hasta cinco tipos de faisán.

La idea era "aprovechar" la problemática gestión privada anterior y convertir la isla en un punto turístico de gran interés por su fauna (nativa o exótica) y fomentar la caza en la región. Pero aquello descarriló pronto y para 1959, la estación estaba cerrada, abandona y dejada de la mano de Dios.

Setenta años después, de esas siete especies de aves, solo queda una.

Los inmortales, versión patagónica. Entre junio de 2011 y mayo de 2012, un equipo del CONICET y la Universidad Autónoma del Comahue colocó ocho cáaras trampa en la isla. Gracias a ello acumularon 710 registros independientes de mamíferos y aves terrestres.