Rosas, verdes y púrpuras. Las enanas blancas están demasiado lejos para que podamos verlas directamente y mucho menos interpretar su color. Por eso, un equipo de científicos de la Universidad de Warwick ha usado espectros tomados previamente y los han pasado por un modelo informático que analiza la luz como si estuviese pasando por los fotorreceptores del ojo humano. Así, vieron que, si bien es cierto que la mayoría de enanas blancas se verían blancas si las tuviéramos delante, algunas se mostrarían ante nuestros ojos con un bonito color verde, rosa o púrpura. Y también habría azules o amarillas.
La evolución esperada de una estrella. Generalmente, el color de las estrellas se asocia con su temperatura, exactamente igual que pasa con un hierro que se va calentando cada vez más. Los fotones azules son mucho más energéticos que los amarillos o rojos. Por eso, a medida que se calienta la estrella, va pasando primero por tonos más cálidos y finalmente por colores fríos, llegando primero al blanco y finalmente al azul. Las enanas blancas están muy calientes. Lo esperable es que sean de color blanco o, como mucho, azul. Pero hay algo que las hace especiales.

