Sin embargo, no es oro todo lo que parece y, precisamente, esta tendencia puede tener un efecto contraproducente que pondría en peligro la viabilidad de algunos parques en el futuro.

Todo comienza en el mercado de la electricidad. En el mercado diario de la energía, se negocia la compra y venta para cada hora del día siguiente. Las ofertas se aceptan en función de varios factores, como el mérito económico o la capacidad de interconexión disponible, como explican desde Omie. Para comprobar la viabilidad de esas ofertas, los resultados de la subasta pasan por el operador del sistema, que los valida desde el punto de vista técnico.

Pero las previsiones pueden cambiar. Por eso existen los mercados intradiarios, que permiten a los participantes ajustar sus posiciones antes de la entrega de electricidad, en función de cómo evoluciona la demanda, la producción renovable y el resto de condiciones del sistema.

El spread intradiario. Aquí es donde entra en juego un indicador: el spread intradiario. Se trata de la diferencia de precio que hay entre los momentos más baratos del día (que suelen ser las horas centrales en las que la producción fotovoltaica es muy elevada) y los más caros (cuando empieza a caer la noche, pero no la demanda de electricidad). Esa diferencia expresa el margen de ganancia de una hora que puede haber comprando energía en esas horas de menor precio y vendiéndola o descargándola a través de sistemas de almacenamiento en las horas de mayor precio.