Y lo está haciendo dando toda una lección sobre ataques de precisión. Una refinería puede ocupar cientos de hectáreas con miles de equipos industriales. Sin embargo, para interrumpir su actividad no hace falta destruirla entera. Ucrania está explotando esa vulnerabilidad haciendo que para Moscú reparar los daños sea tan complicado como impedir el siguiente ataque.

Una campaña coordinada. Cuenta The Washington Post que los ataques a las refinerías rusas son parte de una campaña ucraniana coordinada que busca dejar fuera de servicio las infraestructuras energéticas rusas, al igual que está haciendo Putin con las instalaciones ucranianas. Lo que está haciendo Kiev es apuntar a componentes críticos del corazón de las refinerías, en lugar de intentar destruir emplazamientos completos. Lo hace gracias a los grandes avances en la producción de drones y a la inteligencia militar con la que los aliados les están ayudando.

Además de las refinerías, Ucrania también ha conseguido dañar otras instalaciones industriales relacionadas con el petróleo, como tanques de almacenamiento de combustible, infraestructuras de bombeo y oleoductos por todo el país, por lo que el transporte también se está viendo comprometido. A finales de agosto de 2026, la mitad de la capacidad total de refinación de Rusia ha quedado fuera de servicio, como explica El Confidencial.