Entre giras, escenarios y una exposición pública que comenzó cuando todavía era adolescente, Aitana encontró en el recuerdo de su habitación de la infancia una forma de volver a sí misma. Ese espacio, asociado a una época en la que aún no era una de las grandes figuras del pop español, se convirtió en el punto de partida de Cuarto azul. En su cuarto álbum, la cantante se permite revisar las dudas y las contradicciones que conviven con una carrera exitosa. Ahora, ese refugio personal se trasladó al Movistar Arena, en la primera de las tres fechas porteñas de su “Cuarto Azul World Tour”, que se perfila como la gira más ambiciosa de su carrera. Ahí, las canciones de su trabajo más vulnerable y autobiográfico oscilaron entre lo confesional y la escala de un espectáculo pop para miles de personas.

Con un gran despliegue escénico, la cantante abre las puertas de un cuarto que toma forma real sobre el escenario, como parte de una casa con escaleras, lámparas, percheros y distintos ambientes por los que se desplaza a lo largo del espectáculo. La puesta en escena convierte el universo del disco en un espacio habitable, que cambia con las canciones y acompaña un recorrido por diferentes emociones a lo largo de distintas horas del día, desde el mediodía hasta el anochecer, la medianoche y la madrugada, hasta llegar a la mañana siguiente.