‘Whalefall’ no quiere ser enteramente una película de fórmula, porque para ello trata de introducir una historia paternofilial que hable del trauma y la masculinidad tóxica. Sin embargo, su eje principal sigue siendo el de una película de aventuras y supervivencia, y es bastante entretenida en esa faceta. También porque se fija, más que en la lucha del personaje de Austin Abrams con un animal monstruoso, en situar a dicho personaje en un escenario de tensión.

Dicho de otro modo, es realmente una película de submarinos donde el buque se ha cambiado por un cachalote. Opera con esas reglas, y por ello funciona estupendamente, porque las películas de submarinos son fabulosas la mayoría de veces y tienen mecanismos en su fórmula que resisten variaciones. ‘Whalefall’ acaba siendo muestra de estos mecanismos.

El océano es un espacio inmenso e inabarcable para las criaturas que lo habitan, pero para los humanos no lo es porque no pueden respirar ahí abajo. Su única manera de poder estar en semejantes profundidades es con equipo de buceo, y para sobrevivir a la presión hace falta un vehículo perfectamente equipado. O, en el caso de ‘Whalefall’, estar ya dentro de una ballena.