Pero la producción más costosa en toda la historia del cine de Corea del Sur (tiene un presupuesto de 74 millones de dólares) asombra por ser imprevisible. En especial, porque esta mezcla de ciencia ficción, acción y horror corporal ha redefinido el cine de monstruos contemporáneo. En específico, porque la cinta sumerge al espectador en una experiencia puramente visceral de casi tres horas de metraje. Un largo recorrido en que el suspenso constante, el caos ininterrumpido y un humor negro sumamente particular se entrelazan. Todo para desafiar los límites narrativos de los diferentes géneros. A la vez, subvertir la idea de cómo debe contarse una visión sobre el tiempo, el espacio y la vida fuera de nuestro planeta.