Muchas de estas producciones se hicieron al amparo de un ideario paranoide indiscutiblemente ligado a la sensibilidad de la Guerra Fría, a la invasión comunista, la carrera espacial, el miedo ante los experimentos atómicos y la posibilidad de un nuevo cataclismo tras las bombas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki.

A sabiendas de que, según los bandos, la experiencia de la catástrofe nuclear y los desarrollos de la ci-fi fueron marcadamente distintos (no hay más que pensar en las ficciones apocalípticas japonesas, con 'Akira' a la cabeza), llama especialmente la atención la respuesta soviética de 'Ikarie XB-1': un siniestro twist espacial en una nave que viaja en busca de vida en Alfa Centauri.

El germen de 'Ikarie XB-1', película checa de indiscutible aura mistificada que funcionó como marciana respuesta al auge de producciones de ciencia-ficción estadounidenses, está en un encargo a Jindrich Polák, un joven director que tenía por delante la tarea de adaptar 'La Nube de Magallanes' del inagotable Stanislaw Lem.

Ciencia-ficción soviética contra el éxito americano