Aunque esta fue la primera superproducción almemana que retrató la derrota, tiene un ilustre preceente: en 1959 Frank Wisbar ya había llevado la batalla al cine en ‘Stalingrado: Batalla en el infierno’, 97 minutos en blanco y negro entrelazados con metraje real de los noticiarios alemanes y soviéticos. Wisbar no tenía, eso sí, la holgura de medios de Vilsmaier: 20 millones de marcos, 12.000 extras y como productor a Günter Rohrbach que venía de estrenar una de las mejores películas bélicas de la histooria, 'El submarino'. Se estrenó en Múnich el 21 de enero de 1993, días antes del 50 aniversario de la rendición alemana.

El frío de esta película es auténtico: parte del rodaje se realizó en Finlandia por falta de nieve, y Vilsmaier, buscando verosimilitud en las imágenes, reclutó a amputados de un hospital de veteranos cercano a Praga para que dieran vida a loss mutilados en el campo de batalla. En la película seguimos al pelotón del teniente que interpreta Thomas Kretschmann desde un permiso en la costa italiana hasta un batallón de castigo, y que vivirá por medio conflictos tan impactantess como la carga de los carros soviéticos contra hombres a campo abierto.