Odiar el verano. Antes de entrar en el porqué ocurre esto a los amantes de la lluvia, hay que desmentir el hecho de que a todo el mundo le afecte el clima de la misma manera. Aquí tenemos de referencia un estudio de 2008 que analizó a más de 1.200 personas y concluyó que el efecto medio del tiempo sobre el estado de ánimo es pequeño, pero con una gran variación individual. Aunque curiosamente, se desmitifica la idea de la "relajación profunda" bajo la lluvia, puesto que la falta de luz solar se asociaba directamente con un mayor cansancio.

Fue tres años más tarde cuando un nuevo estudio nos reveló mucho más al analizar a casi 500 adolescentes y a sus madres junto a sus perfiles climáticos. Uno de ellos fue bautizado como 'Summer Haters', el cual estaba representado por el 27% de los adolescentes y el 12% de las madres, que se sentían más felices y satisfechos con más lluvia, menos sol y temperaturas más bajas.

La teoría. Para entender el atractivo de la lluvia, la psicología recurre a la Teoría de la Restauración de la Atención (ART), formulada originalmente por Stephen Kaplan en 1955. Aquí Kaplan propuso que nuestro entorno agota nuestra capacidad de concentración a través de lo que llamó "fascinación dura", que son estímulos intensos que absorben la atención por completo, como una pantalla o el tráfico.