He pasado las últimas semanas con el Galaxy S26 FE en el bolsillo y las sensaciones son tan familiares como reveladoras. Es un dispositivo bien rematado, solvente y con empaque de gama alta que busca servir de alternativa asequible al Galaxy S26+ por su diagonal de 6,7 pulgadas. El dilema no está en lo que hace, sino en entender su papel: en un año complicado por el encarecimiento de componentes, este FE defiende una brecha frente al precio de salida de sus hermanos mayores. La experiencia lo sitúa en un terreno muy interesante, eso sí, no es perfecto. Te cuento por qué.

El Samsung Galaxy S26 FE es un teléfono digno de la gama alta que no defrauda en lo fundamental. Está bien construído, hereda el diseño de sus hermanos mayores y ofrece una pantalla de 6,7 pulgadas que resulta un placer para consumir contenido o jugar. No se siente un móvil barato ni recortado a la ligera; Samsung domina este formato a la perfección.

Su reto es defender esta subfamilia en un momento complejo. Con un precio de partida de 799 euros, logra mantener una distancia razonable respecto al Galaxy S26 base y una rebaja aún mayor frente al S26+. A cambio de ese ahorro, exige concesiones como montar el Exynos 2500 en lugar del 2600 (o un Snapdragon Elite) o renunciar a sensores fotográficos más ambiciosos. Pero si lo que buscas es una pantalla grande, soporte a largo plazo y la fiabilidad de One UI, la ecuación encaja.