Lo que se dice. En torno a este tema, el neurocientífico David Bueno ha sembrado un debate bastante interesante al apuntar que "el cerebro está atento a aprender idiomas desde los seis meses a los cinco años". Este es un periodo de tiempo donde el cerebro está especialmente predispuesto a absorber los sonidos y estructuras de su entorno, por lo que a priori es cuando mejor puede aprender una segunda lengua. Sin embargo, la ventana no es tan estrecha.

La plasticidad de los niños es una realidad, como apuntan diferentes estudios neurocientíficos. Por ejemplo, un estudio publicado en Neuron apuntaba a que existe un equilibrio entre la excitación y la inhibición neuronal que abre diferentes ventanas de aprendizaje que posteriormente son 'cerradas' a través de diferentes frenos moleculares.

Esto es algo que ocurre sobre todo durante el primer año de vida, puesto que hacia los seis meses los bebés son capaces de distinguir cualquier contraste de sonido, independientemente del idioma. Pero entre los seis y los doce meses, ocurre lo que los expertos denominan un estrechamiento perceptivo.

Este semestre es crucial porque la experiencia lingüística altera físicamente la percepción y los bebés mejoran drásticamente su capacidad para distinguir los sonidos de su lengua materna, pero al mismo tiempo pierden la sensibilidad para identificar los de idiomas ajenos. Pero lo más interesante es ver cómo el cerebro exige interacción humana para mantener estas conexiones vivas.