Vivimos en tiempos de Inteligencia Artificial, gente que se hace llamar "artista" por pedirle a una máquina que genere un vídeo y una depreciación absoluta de la artesanía. Son momentos grises repletos de mediocridad en los que Laika, como un faro en el horizonte, ha dado un puñetazo en la mesa demostrando el poder del arte, el valor de lo humano, la gloria impensable a la que podemos llegar si confiamos en nosotros mismos en lugar de subyugarnos a ChatGPT.

'Wildwood' es, casi sin quererlo, una puñalada contra la IA imposible de contrarrestar: durante el último lustro, un equipo de decenas de personas han utilizado su magia para mover plano a plano 231 muñecos en un total de 136 escenarios diferentes con una perfección tal que, salvo algunos momentos concretos, es prácticamente indistinguible del cine de animación más tradicional. En particular, el tercer acto dejaría anonadado a cualquiera: cientos de muñecos moviéndose a la vez, de manera acompasada, sin dejar nada a la improvisación en una violenta batalla. Solo de pensarlo se hace abrumador, imposible, absolutamente demente... y magistral.