Su reestreno en alta calidad proporciona la oportunidad de ver con más pureza y más asombro que nunca la impresionante visión del cineasta británico de los brutales efectos del poder estatal y religioso contra el bastante imperfecto cura Urbain Grandier, al que da vida un increíble Oliver Reed. La persecución de la fortificada Loudun fue clave para la expansión de la insidiosa influencia del cardenal Richelieu en la Francia del siglo XVII.
Parte de lo que hace impactante este relato tan blasfemo sobre deseos, lujuria, violaciones y tortura está a simple vista. El increíble diseño de producción de Derek Jarman ofrece unos decorados inmensos que incrementan la sensación de Loudun como un fortín impenetrable y en cierto modo la claustrofobia que viven personajes como la monja de Vanessa Redgrave. Los escenarios contribuyen de maravilla a la narración, y también a mantener a ‘Los demonios’ como una película de época que no se parece a ninguna otra.

