Cuando el datáfono de un restaurante en Londres, Praga o Nueva York te pregunta si quieres pagar en euros o en la moneda local, elige la moneda local. Si eliges euros, el cambio lo hace el comercio o su proveedor de pago con su propio margen, y ese margen suele ser peor que el de tu banco. Dentro de la UE la ley obliga a enseñarte ese margen antes de pagar. Fuera de la UE, las normas europeas no obligan a nada de eso.
La pregunta tiene nombre técnico: conversión dinámica de divisas (DCC, por sus siglas en inglés). Es el servicio que te ofrece cobrarte «en tu moneda» en el momento del pago o en el cajero. A primera vista parece cómodo, porque ves la cifra en euros y te olvidas. En la práctica, esa comodidad puede salir cara.
¿Qué pasa exactamente cuando eliges pagar en euros?
Pagar en euros significa que la conversión la hace el comercio o su procesador de pagos, no tu banco, y con el tipo de cambio que ellos fijan. Si eliges la moneda local, el comercio cobra en su divisa y es tu banco quien convierte, con las condiciones de tu tarjeta.

