Contábamos en Xataka que cuando Volkswagen anunció su proyecto de coche eléctrico de 20.000 euros había un elefante en la habitación: qué esperamos del coche. Porque un Volkswagen Lupo era un coche perfecto para la ciudad. Porque un Volkswagen Polo también lo era y además permitía echar más de dos maletas y hacer un viaje con amigos. El Seat Ibiza sigue siendo perfecto como primer coche para ir a cualquier sitio. Mejor o peor, pero ir a cualquier sitio.

Un coche eléctrico pequeño es mejor que un Volkswagen Lupo. El Volkswagen ID. Polo es mejor coche para ciudad que el clásico modelo de combustión. Porque estos coches tienen un coste por uso ridículo, consumen muy poco allí donde el coche de combustión más gasta y donde más desgasta sus componentes. Pero, sin embargo, es el uso esporádico de un año, el viaje que hacemos en una, dos o tres ocasiones el que marca nuestra compra.

Eso es una pena. No quiero defender la precariedad. No quiero parecerme a quienes ponen un nombre en inglés terminado en -living para azucarar que tienes 40 años y estás compartiendo piso con cinco desconocidos porque no te puedes pagar una casa.

Contaba todo esto porque la sensación que tuve cuando me bajé del Kia EV2 es que es el segundo coche perfecto... para todos los días y todos los usos.