Karateka es la historia de Sandra Sánchez, una mujer que nunca dejó de creer y que desafió todas las convenciones. Enamorada del karate desde niña, por motivos personales tuvo que dejar su entrenamiento cuando era una de las grandes promesas del país. Pero su camino le llevó de ser descartada por el sistema a convertirse en la mejor karateka de todos los tiempos.

Con la guía de Jesús del Moral, su entrenador y compañero de vida, Sandra emprendió un viaje imposible. Para empezar, recuperar la chispa y su nivel. Y, sobre todo, conquistar el oro olímpico a los 39 años y redefinir el significado de la perseverancia en un deporte dominado por los japoneses y donde los más veteranos se retiran a los 30 años.

Empezaré diciendo que una película que arranca con una referencia a Goku y Dragon Ball ya tiene toda mi atención. Y es que Karateka sabe muy bien lo que busca: enganchar, en primer lugar, a todos los aficionados a las artes marciales y a los dramas deportivos en general. A partir de ahí, gracias a las propias vivencias increíbles de Sandra Sánchez, conquistar al resto de públicos.

Porque si algo tiene Karateka es que se estructura exactamente como tantas y tantas otras películas de su género. Y lo hace con solvencia. Es el clásico camino del héroe, una travesía complicadísima hacia la gloria, una historia de superación. Las hemos visto mil veces y nos siguen cautivando.