“La rebelde de los Tinayre”. Así presentaba Rolando Hanglin la columna de Marcela Tinayre en su programa radial RH Positivo. Su aseveración era precisa como un mecanismo de relojería suizo. No hay mejor definición para la descendiente de Mirtha Legrand y Daniel Tinayre, quien, desde ya, logró instalarse con nombre propio en la opinión pública a partir de su variopinta paleta de colores en torno a sus actividades profesionales y su insurrecta vida personal.

Este sábado cumplirá 75 y, mientras acompaña con cercanía el cotidiano de su madre y sueña con la celebración centenaria de la diva, construye su día a día sin medias tintas. A sabiendas, como siempre le sucedió, que ser libre tiene un costo que, en su caso, nunca se rehusó a pagar.

No todos saben que trabajó para una multinacional en París durante años y que fue durante casi dos décadas la representante en Argentina de esa prestigiosa firma de rango aspiracional.

Se casó, se divorció y se volvió a casar. Fue madre cuando había que serlo y reincidió en la madurez, cuando el mandato dice que ya no se debe incursionar en las lides de la maternidad.