A todo lo anterior, habría que sumar la dirección del neozelandés Taika Waititi, conocido por su humor corrosivo y comedias con enorme corazón. De modo que Klara y el Sol habían levantado expectación y también una considerable curiosidad. En específico, por el anunciado e inesperado giro humorístico de una novela sobria, conmovedora y filosófica. Luego del triunfo de Waititi con películas como Jojo Rabbit y Thor: Raganok, todo parecía indicar que este sería otro de sus experimentos exitosos. Uno además, capaz de reivindicar al realizador, que en el último lustro atravesó momentos bajos y una complicada relación con la prensa.
Solo que ha ocurrido exactamente lo contrario. Klara y el sol se convirtió en uno de los descalabros más estrepitosos del año, sepultando las aspiraciones de premios que inicialmente rodeaban al proyecto. Por un lado, debutó con un desastroso 25% de aprobación crítica en Rotten Tomatoes, lo que provocó pánico en su distribuidora. Ante la pésima recepción colectiva, Sony Pictures tomó la drástica decisión de recortar a última hora su presencia en las salas norteamericanas. Y lo hizo disminuyendo a menos de la mitad las salas en que se proyectaría en el país. Además, cancelar por completo su estreno comercial en diversos mercados europeos, incluyendo España. La consecuencia más reciente del desastre, pero no la única.

