Google ya ha dado un primer paso para explorar esa posibilidad. El 30 de octubre, la compañía anunció que había recibido desde la órbita una respuesta generada por su modelo abierto Gemma 4 mediante una unidad de procesamiento tensorial (TPU), un chip especializado de categoría centro de datos. El satélite, construido en colaboración con Planet y lanzado el 1 de octubre en una misión de SpaceX, forma parte de Project Suncatcher, la iniciativa con la que investiga la computación espacial. De momento, el resultado no equivale a tener un centro de datos funcionando allí arriba. La prueba consistió en algo mucho más sencillo: pedirle al modelo que escribiera un haiku sobre el espacio.
Para comprobar que todo funcionaba, los investigadores aprovecharon una ventana de comunicación con una estación terrestre y enviaron una instrucción al satélite: escribir un haiku sobre estar en el espacio. Se trata de un poema muy breve de origen japonés, compuesto habitualmente por tres versos. La respuesta llegó cuando el aparato pasaba cerca de Svalbard, en Noruega, y decía, traducida del inglés: "La esfera azul ahí abajo", "Los datos fluyen con silenciosa elegancia" y "La luz de las estrellas alimenta mi núcleo". Más allá del poema, lo importante era comprobar que el sistema podía procesar la petición en órbita y devolver el resultado a Tierra.
Del haiku al desafío de computar en el espacio

