Si uno enumerara los pilares sobre los que se constituye el liderazgo de Milei y las posibilidades de éxito de su gobierno, podría identificar varios factores. Por ejemplo, haber identificado la inflación como el problema central; una gran capacidad de comunicación del propio Milei, implementada después en las redes sociales por el equipo que encabeza el “Mago del Kremlin”, Santiago Caputo; y la indigencia conceptual que presenta todavía la oposición.

Pero hay un factor más, inusual, para el cual es difícil encontrar un antecedente: el respaldo excepcional del gobierno de Donald Trump, que no solamente lo salvó de la catástrofe electoral el año pasado con una intervención financiera directa del Tesoro de Estados Unidos, sino que además le ha permitido buscar distintos tipos de garantías financieras para pagar o renegociar los bonos de la deuda o conseguir inversiones, por ejemplo, para un megagasoducto que está planificando YPF.

La relación con Estados Unidos se ha constituido en una relación umbilical para la salud política de Milei. Ni Carlos Menem, que tuvo una aproximación tan intensa que se hablaba de relaciones carnales, alcanzó el nivel de respaldo que alcanzó y alcanza Milei por parte de Trump.