Su historia. Para entender esto, nos tenemos que trasladar a hace milenios, cuando un violento derrumbe durante la última gran glaciación sepultó la entrada original a la galería inferior de la cueva de la Garma, en Ribamontán al Monte.

Pero esto fue una noticia para nosotros porque selló el espacio a cal y canto, transformándolo en una auténtica máquina del tiempo, haciendo que todo su interior quedara intacto, paralizado en el momento exacto en el que sus últimos ocupantes lo abandonaron hace unos 16.500 años, en pleno Magdaleniense medio.

Su estructura. La vivienda, conocida técnicamente como la "estructura I-A", es un espacio de dimensiones humildes. Ocupa una planta subcircular u ovalada de apenas cinco metros cuadrados, y al parecer quienes la diseñaron eran expertos en leer y aprovechar la geomorfología de la propia cueva, puesto que la cabaña se levantó justo debajo de una pequeña visera de roca natural que ofrece una altura de entre 1,6 y 1,7 metros.

Y para fijar al suelo esta arquitectura, los constructores magdalenienses utilizaron bloques de caliza de la propia caverna e incluso se sirvieron de las estalagmitas naturales que salían del suelo.