Esta es la historia de cómo unos investigadores neerlandeses trasladaron 66 de esas "galletas" en unos 20 camiones y las llevaron hasta Delft para meterlas en un canal de olas. ¿El motivo? Demostrar que esa marisma frisia era una de nuestras mejores defensas contra las tormentas.

¿En serio es necesario todo esto? A veces, en ciencia, no basta con sentarse y mirar. A veces, la única forma que tenemos de averiguar qué pasa es experimentando. Este es un caso paradigmático: ya sabíamos que las marismas frenan el oleaje; lo que no teníamos ni idea es de su aguante frente a tormentas de verdad. Tormentas como las que se generan en el tipo de canales que utilizan en la Universidad de Delft.

No es la primera vez que se hace, claro. En 2013, unos investigadores llevaron bloques de una marisma similar al gran canal de Hannover. Allí descubrieron que unos 40 metros de marisma reducían un 18% la altura de las olas. Pero esas olas eran mucho más pequeñas de las que hacen falta en Países Bajos (90 centímetros frente a los dos metros de las tormentas extremas para las que se diseñan los diques holandeses).

Así que decidieron investigarlo por su cuenta.