La idea tras ‘Arriba Tutto’ es más que noble: la celebración del humor por encima de todas las cosas, el humorismo como método de supervivencia en los peores momentos, la conexión con nuestro niño interior. El problema es que Mota tiene la fabricación de sketches ya casi mecanizada, pero no es capaz de crear el drama que esta película, que nace con la intención de ser la versión española de ‘Cinema Paradiso’ o ‘La vida es bella’, necesita. Y al final, pasa lo que tiene que pasar: que solo brilla y es creíble en sus momentos de pantomima.
Le aprecio el gesto, eso sí, de no querer dedicar su primera película a hacer una comedieta al estilo ‘Padre no hay más que uno’, o negarse a hacer la versión larga de uno de sus personajes al estilo ‘Saturday Night Live’, pero eso no convierte a ‘Arriba Tutto’ en una buena película: simplemente, se asegura de nacer con las mejores intenciones. Pero, queriendo aparentar seriedad y porte, a Mota se le va la mano con el azúcar y dulcifica la película en exceso, incluso en sus instantes más duros, alejándose de Benigni y acercándose más a un monstruo de Frankenstein narrativo que nunca termina de vivir del todo por su cuenta.

