El tramo final del período ordinario, con menos de 40 días por delante, volvió a tensarse en el Senado. El motivo parece repetirse, tal como ocurrió en 2024 y 2025, con una Casa Rosada que se convierte en una máquina de pedir votos a aliados para luego incumplir la palabra y, con ello, genera un clima denso que impidió sesionar durante la semana que finaliza y que, además, ya genera dudas de cara al jueves 29.
La revisión del calendario y el perfume electoral -semi tóxico, por momentos- tampoco ayudan al Gobierno, con legisladores que no se perderán el viaje para las elecciones de medio término en los Estados Unidos o, de nuevo en la Argentina, la travesía papal de León XIV, que sería histórica. Florecerá una inusitada fe desde varias oficinas.
No ir al recinto vino atado a una merma en la actividad de las comisiones y a la indefinición de proyectos que importan a dialoguistas y a Balcarce 50. De hecho, en los pasillos de la Cámara alta aún se oyen las risas tras casi dos meses de frondoso marketing sobre un supuesto acuerdo cerrado por las PASO a votarse este mismo mes.

