Hay que remontarse a 1951 para encontrar el momento en el que MGM decidió poner punto y final a la saga de películas que había iniciado ocho años antes con 'Lassie, la cadena invisible' ('Lassie Come Home', 1943).

En la compañía creían que el animal ya no daba más de sí y tomaron una decisión que sería impensable a día de hoy: para no tener que pagar el último año de salario a Rudd Weatherwax, dueño y entrenador del perro, aceptaron que se quedase a cambio con la marca registrada de Lassie.

Teniendo en cuenta que el sueldo de Rudd Weatherwax ni siquiera llegaba a los 20.000 dólares (aunque era una cifra muy respetable por aquel entonces), este acuerdo dejaba claro que en MGM no valoraban ya el potencial de Lassie, algo que puede deberse al fracaso que cosechó en taquilla 'Las colinas pintadas' ('The Painted Hills') en 1951.

No obstante, Weatherwax sabía que al menos podría seguir exprimiendo al personaje en presentaciones de ferias y convenciones; ni siquiera pasaron tres años hasta que quedó claro que había firmado el negocio del siglo.