De hecho, Tsai va un paso más allá: cree que es la única vía de que Europa alcance la independencia tecnológica. Y lo dice sin rodeos: según él, mientras que las empresas chinas de IA comparten su innovación y los avances, los laboratorios de EEUU, no.
Por qué importa. Porque a día de hoy y pese a las advertencias de Arthur Mensch, CEO de Mistral, sobre los dos años de margen que tiene Europa para montar su propia infraestructura de IA y los diferentes esfuerzos de la administración europea y su ecosistema empresarial, la realidad es que sigue dependiendo de la tecnología de Estados Unidos y China. Y acontecimientos como el bloqueo internacional a los modelos más potentes de Anthropic por parte de EEUU en verano ya demostró que un gobierno puede cerrar el grifo a demanda.
Desde entonces, empresas como Siemens o Renault combinan modelos de diferentes orígenes por si las moscas. Pero los problemas no acaban aquí: China y EEUU controlan en torno al 90 % de la infraestructura mundial de computación para IA, así que aunque quisiera, a Europa le falta capacidad.

