Cuando una película mala se vuelve un espectáculo. Uno de los ejemplos más famosos lo tenemos con 'The Room', de 2003. La película era tan mala que algunos cines incluso llegaron a colgar un cartel advirtiendo de que no devolvían el dinero, pero el boca a boca consiguió el efecto contrario, con legiones de fans acudiendo a las salas para disfrutar del sinsentido. No es un caso aislado: 'Troll 2' (1990), 'Campo de batalla: La Tierra' (2000) o 'Batman & Robin' (1997) también convirtieron sus guiones incoherentes, efectos cutres y decisiones absurdas en una comedia involuntaria.

La cutrez es lo que se busca. Esta fascinación tiene un primo hermano en el cine de serie Z de productoras como Troma, con títulos como 'El Vengador Tóxico' (1984) o 'Los Surfistas Nazis Deben Morir' (1987). Aquí lo cutre es totalmente intencional, pero el resultado es el mismo: una experiencia que se disfruta precisamente por su pésima calidad. En España tenemos nuestros propios ejemplos con 'Brácula' (1997) o 'Karate a muerte en Torremolinos' (2003).