Más allá de lo trabajoso que fue tomar muestras, se encontraron con el problema de explicar a qué se debían esos cambios de temperatura. Ha sido todo un misterio hasta ahora, pues unos científicos de la Universidad de Arizona han sugerido una respuesta bastante plausible.
Inercia térmica. En la Tierra, la arena de playa tiene una baja inercia térmica. Otros materiales rocosos más sólidos o compactos, como el hormigón, tienen valores más altos, ya que se calientan y pierden el calor muy poco a poco. Eso habría sido lo lógico con las rocas tan grandes que se encontraron en Bennu. No obstante, su inercia térmica era la de la arena de playa. La misión inicial de OSIRIS-REx era tomar muestras del asteroide, pero ahora los científicos tenían un motivo más para hacerlo: necesitaban saber por qué se enfriaban tan rápido esas rocas.
Poros y grietas. Lo primero que se observó al analizar las muestras de roca que se llevaron a la Tierra para su estudio es que estaban compuestas por un material muy poroso. Eso, desde luego, favorece que se enfríe más deprisa. Pero no tanto como para tener una inercia térmica tan reducida. Se observó que también exhibían una red extensa de fracturas atravesando su interior. Ahora bien, ¿cómo afectan esas grietas a la dispersión del calor? Necesitaban medirlo, pero antes tenían que comprobar que la incoherencia que detectaron no se debía a fallos en las mediciones de Spitzer.

