Reconozco que no sé absolutamente nada de deporte, por lo que no reconocí el nombre de Sandra Sánchez y pude disfrutar el biopic sin saber el resultado final… aunque, por momentos, como en todo viaje cinematográfico de superación personal, cada paso del camino se hace obvio. Se puede cambiar el estilo, pero la historia siempre es la misma. ‘Karateka’ cuenta 36 años de la vida de la deportista, desde la primera vez que se apuntó a kárate hasta su participación en los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020, y, efectivamente, resulta apresurada, pero no por ello fallida: sabe exactamente dónde pararse, qué contar y cómo hacerlo para acabar en el borde del asiento en tensión absoluta.
Aritz Moreno (‘Ventajas de viajar en tren’, ‘Moscas’) disfruta contando esta vida, pero no es menos cierto que también se deja llevar en exceso por la fascinación de lo exótico y lo asiático en a su visita a Taiwan y Japón. Hay, en particular, un personaje que bebe claramente del Señor Miyagi de ‘Karate Kid’, cuyas escenas funcionan, pero, debido a las prisas del montaje, no se queda con nosotros el tiempo suficiente como para que, más allá del exotismo, lleguemos a comprenderlo o saber algo de él más allá de sus rarezas. En el virtuosismo narrativo de la película está también su propia encerrona: nada importa realmente, porque su resumen es excesivamente apresurado.

