Un prototipo en el espacio. Atomic-6 ha enviado su primer prototipo de Space Armor en la nave Starburst-1 de Portal Space Systems, a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX. Los ingenieros de la compañía esperan que en el tiempo que esté en el espacio reciba algún impacto de estos fragmentos diminutos, de modo que puedan detectar mediante telemetría cómo se comporta el escudo.

El gran problema. Los fragmentos grandes de basura espacial se pueden detectar, de modo que las colisiones con ellas sean prevenibles. Sin embargo, la mayor parte de esta chatarra es muy pequeña y difícilmente rastreable. Según una estimación de la ESA, en el espacio hay más de 65.000 objetos mayores de 10 cm, en torno a 1,5 millones entre 1 y 10 cm y unos 230 millones entre 1 mm y 1 cm. Estas son cifras que, además, van aumentando rápidamente.

Esos fragmentos tan pequeños son muy peligrosos, pero no solo porque no se puedan rastrear, sino por el impacto que generan. Por ejemplo, una esfera de aluminio de 3 mm a 7 km/s concentra unos 0,93 kJ de energía, comparable a la de una bala de un arma corta potente. Esto es más que suficiente para dañar un satélite.

Antecedentes. En 1946, el astrónomo Fred Whipple inventó los escudos Whipple para proteger a las naves espaciales de posibles impactos generados a gran velocidad. Por aquel entonces la basura espacial no era un problema demasiado grande, pero los micrometeoritos sí podían dañar las naves.