Hoy voy a ir al grano, te voy a meter mano
‘Wicker’ es un cuento de hadas con la protagonista menos princesa posible: una Olivia Colman medieval, apestando a pescado, eternamente soltera y harta del resto de habitantes de su pueblo que decide crearse un marido de mimbre para poder amar, disfrutar de la dicha del matrimonio y, por qué no, pegarse sus buenos revolcones. Lo que podría ser una comedia verde o una crítica muy poco sutil del patriarcado se convierte en una preciosa y divertida fábula adulta que supera cualquier expectativa puesta sobre ella a base de carisma, desinhibición y unos personajes escritos de manera inteligente y cuidadosa.
Cuando el cine se hace con cariño y ganas, se nota: esta es una película pequeñita y modesta, pero rodada con tanto mimo y precisión que deja huella. Se trata de una historia mágica, pero que se une con nuestra realidad y el ansia de conexión aunque esta sea prefabricada, alcanzando una nueva lectura inesperada y no buscada sobre nuestra relación con la Inteligencia Artificial. Al fin y al cabo, el personaje de Colman desdeña toda interacción humana, fabricándose un marido a medida que todas (y todos) quieren en su vida hasta un punto enfermizo. ‘Wicker’ es un pequeño juguete, pero que esconde dentro muchísimas más capas de lo que cualquiera podría esperar a primera vista.

