El anuncio no era una ocurrencia publicitaria sino una tesis de empresa. Dos años antes, en una entrevista con The Telegraph, Tim Cook se preguntaba por qué alguien seguiría comprando un PC. Apple estaba convencida de que el ordenador del futuro sería una pantalla que se pudiese tocar, y de que ese futuro se llamaba iPad. Ayer Apple presentó en Los Ángeles su primer MacBook Pro con pantalla táctil.

Casi todo lo que se ha escrito desde entonces ha girado en torno a Steve Jobs y a aquella keynote de 2010 en la que aseguró que un portátil táctil era, ergonómicamente, un error. Es la contradicción más llamativa, pero no es la más importante.

La contradicción que de verdad cuenta no es con Jobs. Es con la propia Apple de los últimos diez años. Durante todo este tiempo, la empresa ha defendido que no iba a fusionar el iPad y el Mac porque cumplían funciones distintas.

Y la apuesta de Apple era que, con el tiempo, el segundo se comería al primero.