Francis Ford Coppola estrenó hace 34 años uno de sus títulos más recordados con esta adaptación gótica y exaltada del clásico vampírico. Con Gary Oldman como el famoso chupasangre, y Winona Ryder, Keanu Reeves y Anthony Hopkins completando el reparto, la película regresa hoy a las salas de cine, dándonos una oportunidad de redescubrir este turbulento relato de terror.

Jonathan Harker se dirige a un castillo perdido de Transilvania para conocer al misterioso Conde Drácula, una elusiva figura que ha sobrevivido durante siglos a base de transformarse en un monstruo solitario y sediento de sangre. Al ver una foto de la prometida de Harker recuerda su amor perdido, al ser prácticamente la viva estampa de la mujer de la que se enamoró, así que intentará seducirla.

Coppola retoma sus artes más melodramáticas a la hora de reinterpretar un mito que ya había dejado memorables esfuerzos tanto con Universal y la Hammer como con las versiones oficiosas de ‘Nosferatu’. Su aproximación es especialmente afectada y desatada visualmente, aunque también en la aproximación a lo pasional.

Es deslumbrante, pero también ocasionalmente exasperante. El Coppola más engolado hace también aparición para coartar casi cualquier halo de diversión, aunque intente aparentar morbo en sus perverso retrato de la pasión sexual. Su tragedia es un enfoque interesante, pero también desnortado ante la acumulación de notas mareantes.